Cantan las máquinas
su oda y trabajan...
con su hierro soberbio
como infectada espina
al cielo en su nervio
mortalmente hiere y cuaja
Cantan las ciudades,
coros de fábricas y autos,
retumbando cemento
en los rincones más oscuros.
Sus ponzoñosas vanidades
en un gesto infausto
invaden el aire puro
como triste lamento.
Mientras todo muere
y buscan huir,
no solo al aire hieren
todos empiezan a sucumbir,
cayendo por el mismo abismo
que ellos supieron construir.
Adriano Yannelli (1973)
jueves, 6 de noviembre de 2008
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