Se agita la máquina
y sus hombres se mueven,
y mueven sus autos
en otra diaria rutina
Mientras sus almas
se ahogan en penas,
sus mustias caras,
se ahogan en humo.
¡La vanidad del hombre nuevo!
Exito que ya no es tal.
Hoy, es objeto sombrío,
nombrado pero desconocido,
contador de horas.
Hasta sin quererlo
a diario hace el mal
y en su apuro voraz,
ni siquiera puede verlo...
Adriano Yannelli (1973)
jueves, 6 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario